- Foto Cortesía de: CB Televisión

¿Alentar o insultar?

Se va al estadio para ver fútbol, espectáculo y alentar, o se supone que de eso se trata, ¿No?

Ir a la cancha es una de las cosas más bellas que hay para cualquier futbolero. Tener el privilegio de poder asistir a un estadio para ver a su equipo favorito es algo totalmente único, o por lo menos así lo veo yo. Es el sitio en donde usted puede dejar el estrés del día a día atrás para enfocarse en lo que más le apasiona. Todo ello liberado en un grito ensordecedor por un gol, un cántico para alentar, una decisión arbitral que no gustó o una jugada digna de una obra teatral.

Ahora bien, el hincha tiene “responsabilidades” con su club. Más allá de ser quien paga la boleta, debe apoyar a su equipo en las buenas y malas, eso incluye la institución, jugadores, cuerpo técnico y dirigentes, o por lo menos eso es lo que nos han enseñado desde chicos. Más allá de que las cosas salgan bien o mal, el aficionado es el encargado de no dejar desfallecer al equipo. Es lo apenas lógico del asunto.

Hace poco fui al estadio para ver al equipo por el que hincho debido a que soy abonado. Si bien era un partido relativamente fácil, debido a que el rival era un equipo de menor envergadura, mi equipo venía de resultados difíciles tanto a nivel local como internacional. El nivel de algunos jugadores no era el mejor pero a fin de cuentas cuando uno entra al estadio, todo eso pasa a un segundo plano. El pasado queda de puertas para afuera y adentro solo valen los 90 minutos. El partido inició y las cosas se pusieron un tanto difíciles, no iban 5 minutos y el nerviosismo ya imperaba. A los 10, ya varios habían empezado a insultar al jugador más regular de nuestra plantilla, el volante izquierdo. Cualquier toque o entrega errática venía acompañada de un melodioso “Eliser bruto” o “Saquen a ese negro hdp”. A los 30 minutos, nuestro volante diez no aparecía como se le esperaba, tocaba el balón no tan seguido y cuando recibía alguna falta se oía el grito de algunos pseudo-hinchas “Ojalá se lesione ese malp…”, “De mago no tiene ni mier...”y demás elogios.

En el segundo tiempo, y con la salida de ambos jugadores por decisión técnica e irónicamente por lesión (la cual a algunos “hinchas” les alegró), la agarraron con el juvenil de la plantilla. Toda la tensión se centró sobre él y claramente no le perdonaron un “Hdp chino es un tronco”. Al final el partido quedó 1-1 pero el sinsabor iba más allá de haber perdido dos puntos en los minutos finales. La bronca iba más hacia muchos que se hacen llamar hinchas pero que van al estadio a tomarse foticos y demás, pensando que están viendo el partido en la sala de su casa o algún bar. Era realmente desesperante ver y escuchar cuanto improperio se le ocurría a aquellos impresentables. Lo digo porque si usted hace el esfuerzo de pagar una boleta o un abono para ver al equipo del cual es hincha, resulta bastante ilógico que no vaya a disfrutar sino a amedrentar a futbolistas de SU EQUIPO. Con esto no digo que no pueda criticar, obvio que puede y está en el derecho de hacerlo, el problema es que lo haga en pleno estadio, ante un momento difícil y a punta de madrazos. Eso es lo que no me cabe en la cabeza.

En pocas palabras, a ese tipo de “hinchas les digo: No se les puede olvidar que todos van para el mismo lado, tanto dirigentes, como cuerpo técnico, jugadores e hinchada. Todos tienen el interés y les conviene que al equipo le vaya bien, ellos porque es su profesión y a nosotros por la pasión. Por ello es que la localía importa tanto en el fútbol, es allá, en tu casa donde se recibe el apoyo de la afición, donde el equipo de todos se agranda en lo anímico y al visitante se aprieta hasta que caiga en el error. Si uno cae, entre todos lo levantan, pero no a madrazos sino a partir del aliento y el apoyo. Si el rival se crece, se le chifla y distrae llevándolo al desconcierto y posterior equivocación. Esa es la importancia de la afición.

En palabras del maestro Eduardo Galeano “Rara vez el hincha dice: ‘Hoy juega mi club’. Más bien dice ‘ Hoy jugamos nosotros’. Bien sabe este jugador número 12 que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música”.

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