- Foto Cortesía de: marca.com

Casemiro tiene razón

Los jugadores no han estado a la altura

“El resultado de hoy es la muestra de lo que va siendo la temporada… un desastre”, afirmaba Casemiro en zona mixta tras la goleada de 5-1 del Barcelona sobre el Real Madrid en el Camp Nou. Con esa frase pudiéramos dar por cerrado este artículo, inicialmente ideado para defender a Lopetegui, luego para buscar culpables, ahora en pos de reflexionar acerca de las formas y no del efecto que arrastraba una causa escrita en la biblia del fútbol.

 

Si el tercer párrafo del comunicado del Real Madrid en el que se ponía fin a la era Julen como DT merengue, hubiese sido redactado por la RFEF el 13 de junio, sonaría entendible, por el momento, la magnitud y las consecuencias que todos sabían que tendría el cambio de cromos, mejor, de banquillo. Pero viniendo de la entidad por la que el vasco abandonó todo, frenando incluso el sueño de un país, al menos yo, no lo entiendo. Cierto es que la plantilla tiene 8 nominados al Balón de Oro, algo histórico en Chamartín, aunque él, o los encargados de tomarse unos minutos para confeccionar el texto no midieron la varilla en su justa medida. Se fue el mito de la última década blanca, quizás de toda la historia, problema al que la solución no iba a llegar en un plis-plas.

 

No bastaba con el apoyo de gran parte del vestuario, de darle confianza a esos que en épocas recientes se vieron renegados, había que reforzarse hasta los dientes para cubrir un hueco que solo taparía la “pulga” venerada de la Ciudad Condal. El Cholo y sus guerreros mandaron un aviso, por ellos no quedó, él, o los encargados tenían otros planes e hicieron de las advertencias palabras necias. Ni el mejor portero del Mundial, ni la enésima promesa brasileña, ni el internacional que no es titular por la carrilera derecha, traerían calma a una tormenta que más temprano que tarde partiría la soga por donde siempre.

 

Lopetegui sería observado con microscopio cada 90 minutos, porque traía un peso al que muchos llamaban traición. Arribaba a casa, mejor dicho, volvía a casa el delantero de los partidos intrascendentes para lucir el 7, número muy lejano de las expectativas que ya de por sí estarían para él a una altura como menos complicada. Misticismo a un lado, la hecatombe tomó forma en el Pizjuán. Desde entonces, dolores de cabeza sin freno, pasando por Moscú, Butarque y, como en la temporada anterior, el Bernabéu. El denominador común seguía siendo el mismo para la mayoría, un técnico errado en sus planteamientos, cuando el quehacer de los héroes de Europa; menos uno, era tan o más cuestionable.

 

Suárez, Alba, Arthur, Busquets y otros tantos entre los que no estaba Leo, terminaron la faena. Valverde le dio el teléfono a Florentino y el motivo para deshacer la sociedad con el que se la jugó por él, o esos que ya le estaban dando la espalda. Destitución, búsqueda de una nueva cabeza pensante, responsabilidad para quien no sabe que pasará mañana. Mientras tanto, esos que en el verde poco hicieron por dar un giro a una situación verdaderamente inconcebible, volverán a marcar el destino del inquilino que viste de incógnito. Ellos, a los que no puedes sacar con comunicados y de golpe, que se revisen, que miren una y otra vez sentados cómodamente, todos y cada uno de los errores que condenaron y condenarán a los que tras cada partido tienen sus maletas hechas.

@cronicarian