- Foto Cortesía de: W Radio

El matiz de la desesperanza y el Vodka barato

¿Por qué México sí puede y debe hacer el mejor Mundial de su historia?

!Fuera Osorio! ¿Fuera Osorio! Fue el clamor – casi- unánime del celoso Estadio Azteca cuando el silbante decretó el final del México – Escocia el pasado 2 de junio, partido que sirvió como despedida de la selección mexicana ante su afición, previo a la Copa del Mundo. El partido lo ganó Mexico, sin sobresaltos y sin luces, 1-0. Días atrás, había vuelto al tenebroso escenario de Santa Clara (sí, donde Chile le ganó 7-0) para despedirse de la parcialidad tricolor en los Estados Unidos. Aquel partido fue un insípido 0-0, igual, sin sobresaltos y sin luces, más allá de algunas serias actuaciones individuales, como las de Hugo Ayala, Héctor Herrera y Corona (el delantero).

Sin embargo, el sollozo, el gris y turbio murmuro de los pasillos de oficina y de barra de cantina ha evolucionado peligrosamente en una violenta vociferación en la platea, en la calle, en la escuela y en las principales mesas de “análisis” (así, entre comillas) de los medios nacionales. ¿A qué juega esta selección? ¿Qué demonios hace Juan Carlos Osorio? Alemania nos va a golear; es imposible pasar de ronda; no tenemos ni la menor idea de quién va a jugar; las rotaciones y cambios de posiciones nos están destrozando; hacen falta Vázquez y Pizarro (que sí la hacen); Giovani Dos Santos no tiene absolutamente ningún mérito para estar en el Mundial; Osorio debió irse después del ridículo de la Copa América; Miguel Herrera debió haber continuado; se está desperdiciando a la mejor generación de futbolistas que México ha tenido; los seleccionados son unos mercenarios que no sienten la playera (esa que ha ganado tanto); Osorio debió irse después del gran fracaso en la Copa Confederaciones.

Y con ese último concepto planteo mi argumento. México, de ninguna forma, bajo ningún punto de vista, fracasó en la Confederaciones. En el primer partido, empató a dos goles (¡bah, la selección no tiene gol!) contra Portugal, vigente campeón de Europa, con todo y Cristiano Ronaldo. En el segundo partido, en el que se asesinó (retóricamente hablando) a Juan Carlos Osorio por hacer ¡ocho! cambios (sonido de vestiduras rasgadas) en su alineación, México venció a Nueva Zelanda, 2-1.

En el tercer partido, prácticamente con el mismo cuadro que jugó contra Portugal (¡ocho cambios otra vez!) derrotó a Rusia, en Rusia, 2-1. Siete puntos. De nueve. En un grupo en el que estaba el anfitrión y el campeón de Europa. Vaya papelón.  ¿Es absurdo hacer ocho cambios cada partido? No. Osorio no hizo ocho cambios por partido, simplemente en dos partidos utilizó al mismo equipo y en otro, el más fácil, el que con cualquiera hubiera ganado, dio descanso a sus titulares, esos que, supuestamente, nadie sabemos quiénes son. Por que absolutamente nadie, en todo el país, sabe que Guillermo Ochoa, Héctor Moreno, Carlos Salcedo, Néstor Araujo (ahora lesionado), Andrés Guardado, Héctor Herrera, Carlos Vela, Javier Hernández, Jesús Corona, Miguel Layún e Hirving Lozano son la base medular de la selección nacional. Un equipo al que, como máximo, se le pueden hacer 3 variantes (un lateral, el mediocentro y centro delantero) ¿De verdad no tiene una base? 

En semifinales, esa ronda previa al partido en el que se disputa el título, México enfrentó a Alemania…”B”. Esa Alemania “B” que incluyó a la mayoría de los jugadores que estarán en la Copa del Mundo. El campeón del mundo, pues. Alemania nos ganó 4-1, en un partido en el que se puso 2-0 a los 10 minutos. En el que México dominó (sí, con complacencia teutona) el resto de los siguientes 50 minutos en los que, si hubiera concretado una de las muchas ocasiones que sí tuvo, pudo haberse metido al partido. En ese afán, Alemania contragolpeó con categoría y expuso la distancia que existía en ese momento entre ambos seleccionados. México volvió a empatar contra Portugal y perdió el tercer puesto con un penal en tiempos extra. En resumen, México perdió uno de cinco partidos que jugó, ganó dos y empató dos (dos veces conta el campeón de Europa), siendo eliminado en semifinales por el campeón del mundo, a la postre campeón del torneo. A la horca. 

El proceso de Juan Carlos Osorio, con una efectividad sin precedentes (arriba del 60%) ganando una eliminatoria por primera vez en más de 20 años, perdiendo 9 de 49 partidos, ganando en Honduras, Columbus, Canadá y otros lugares, por primera vez en más de 20 años, ha sido, para la mayoría del vulgo futbolero local, una desgracia. Un despropósito de absurdas rotaciones, cambios inexplicables, invento de posiciones, una pérdida de tiempo y un secuestro total del símbolo deportivo más importante que tiene nuestro país. Aunque sus jugadores, a muerte con él, sus números, y sus rivales, digan todo lo contrario.

Yo, 2 años después del desastre de Santa Clara, ya no estoy traumado. No le entiendo todo lo que hace (ni creo poder hacerlo), no estoy de acuerdo con y no me gustan muchas cosas (que Salcedo juegue de “marcador por derecha”, que no tenga un contención natural, que algunos delanteros jueguen muy lejos del área), pero en general, sí creo que México juega a algo. Y creo que el trabajo de Osorio, además de pseudo-trágico, ha sido meticuloso, honesto, constante, consistente, persistente, coherente, congruente (casi siempre, con algunas excepciones) y exitoso. México no dejó de ganar lo que ganaba antes, y sí ganó lo que no ganaba antes. Por eso, estas son las 10 razones por las que México puede – y debe – trascender en Rusia:

 

1. Por el momento de muchos jugadores. En temporadas pasadas nos quejábamos del papel de los seleccionados en Europa y sus pocos minutos. Esta temporada, Ochoa fue el mejor jugador de su club, ganando la Copa y quedando subcampeón de liga, en una remontada espectacular en la tabla de posiciones; Héctor Herrera fue el bastión y capitán del Porto que recuperó el trono en Portugal, acompañado de Corona y, en menor medida, de Layún y Reyes; Layún logró salir de su poca participación en el Porto para cerrar la temporada jugando constantemente en el súper competitivo Sevilla; Raúl Jiménez tuvo una segunda vuelta con mucha actividad y goles importantes; Hirving Lozano dinamitó la Eredivisie holandesa, conquistando el título y siendo subcampeón de goleo individual, sin ser un centro delantero; Andrés Guardado tomó una fantástica decisión futbolística al llegar al Betis y liderar el medio campo del equipo verdiblanco que se metió a puestos europeos de la mano de Quique Setién, quien sobre Guardado dijo “es el mejor jugador que he dirigido”; Carlos Salcedo se afianzó como uno de los mejores defensas de la Bundesliga, adueñándose del puesto titular que a principios de temporada parecía lejano, convenciendo a su club de pagar el precio de su carta; además, ganó la Copa y disputó en la parte alta de la tabla; en ese mismo equipo, tras un calvario de lesiones, Marco Fabián logró encontrar la continuidad hacia el final de temporada; Carlos Vela, despedido como auténtica leyenda en diciembre en San Sebastián, fue duramente criticado por su llegada al debutante LAFC de la MLS, donde Vela ha demostrado que Maturana tenía razón: “Se juega como se vive”.

Carlos Vela es feliz en Los Ángeles y se nota. Ha brillado desde el día de su debut y ha marcado goles para enmarcar, estando en uno de los mejores momentos de su carrera. Finalmente, Javier Hernández, que se fue al West Ham por minutos y tras un buen comienzo, se volvió a topar con Moyes. Sin embargo, Hernández ha evolucionado, desde lo físico hasta lo táctico, mostrándose como un jugador mucho más completo, menos limitado a definir jugadas en el área chica, dispuesto a colaborar con la generación de juego. Héctor Moreno dejó atrás un aciago primer semestre en Roma para volverse un bastión de la defensa txuri urdín. Y así podríamos seguir hasta algunos notables casos en la liga local.

 

2. Porque esta es una generación madura. Es la generación que empezó en Sudáfrica y termina en Rusia. Que empezó mucho antes, en Perú, en 2005. Que ganó Toulon y la medalla de oro en Londres (sí, en ese equipo estaban Corona, Reyes, Araujo, Herrera, Peralta, Fabián, Dos Santos, Jiménez, Aquino, entre otros). Es la culminación de una era. Este equipo juega su tercer mundial, apoyado de jóvenes brillantes como Salcedo, Lozano, Corona, Gutiérrez. Y experimentados como Márquez, Layún, Guardado. 

 

3. Porque tiene un ataque poderoso. Sí, por irónico que parezca. México ha carecido de gol recientemente, pero no ha puesto su cuadro titular. Esa ofensiva donde Herrera se la da a Vela, que orquestra como enganche a un tridente conformado por Corona, Hernández y Lozano. Vamos a ver qué pasa cuando los ponga. 

 

4. Porque los amistosos previos al Mundial nunca han significado ¡Nada! Ni cuando se le ganó a a Italia días antes de debutar en Sudáfrica ni cuando equipos semiprofesionales goleaban en Europa al cuadro de Lapuente en el 98. Porque el doble discurso es la característica por antonomasia del mexicano. El mismo que dice: “Corea se vio pésimo contra Bolivia, Suecia no le mete gol ni al arcoíris y Alemania tiene cinco sin ganar, pero los amistosos no dicen nada, en el Mundial será diferente” son los mismos que apagan la televisión terminando el partido contra Escocia y dicen “No tenemos absolutamente nada qué hacer en el Mundial; si no podemos contra Gales y Escocia, que Dios nos agarre confesados contra Alemania”. Son los mismos, exactamente los mismos que cuando México jugó con un cuadro “C” la Copa Oro, y apenas venció a El Salvador, lo criticaron con todo. Pero cuando México perdió con una Alemania supuestamente “B” les pareció inaceptable. Es decir, una Alemania “B” tiene derecho a ser súper débil, pero un México “C” está obligado a golear siempre. Para Alemania, jugar contra México, no está demasiado lejos de lo que para México es jugar contra El Salvador.

 

5. Porque nunca se vio un cuadro tan unido. Así. Por más escándalos y desestabilizadores que han buscado, el barco tricolor llega firme, sólido, como un bloque incorruptible. El vestidor nacional es el mejor en décadas.

 

6. Porque México ha avanzado a la segunda fase de todos los mundiales en los que ha participado desde México 1986. 32 años. Siete mundiales. En el 94, tenía en el grupo a Italia, Irlanda y Noruega (¡puro bulto!); en el 98, a Holanda, Bélgica y Corea; en el 2002, a Croacia, Italia y Ecuador; en el 2010 a Sudáfrica (anfitrión), Uruguay y Francia; y en el 2014 a Brasil (anfitrión), Croacia y Camerún. 

 

7. Porque el grupo no es tan duro. Tal como describo en mi punto anterior, sólo en 2006 (Portugal, Irán y Angola), en el que fue cabeza de serie con Lavolpe, México no tenía un grupo más accesible que el de este Mundial. ¿De verdad es tan bueno Suecia? ¿Lo han visto jugar? Sí, dejó fuera a Italia, pero ¿Alguien vio -casi llorando con Buffon- las veinticinco oportunidades de gol que increíblemente fallaron los italianos en los 180 minutos del repechaje? ¿Alguien sabe quién es la figura de Suecia? (No, Zlatan no va al Mundial). En lo personal, pensaba que Corea era el equipo trampa del grupo. Ese equipo fuerte, físico, rápido y dinámico que muerde en cada esquina y desespera al estilo latinoamericano. Pero ¿Han visto sus partidos? Fuera de Son, figura del Tottenham, el equipo coreano es bastante limitado.

 

8. Porque, quizá (un poco más desde el corazón que la razón), Alemania no llega en su mejor forma al Mundial. No digo que no vaya a tener un gran Mundial, pero siendo contra México el primer partido, quizá esa renovación generacional por la que está pasando; el injusto regreso de Neuer al arco después de un año de inactividad, la supuesta racha negativa que arrastraban hasta que vencieron, con problemas, a Arabia, y la lesión de Ozil, que podría marginarlo del primer partido, pueda ser la oportunidad que México estaba esperando. Lo anterior, sumado a esa etiqueta de víctima irrefutable con la que llegan los tricolores. A que habrá, al menos, 30 mil mexicanos en Luzhniki el Día del Padre. A que Osorio algo tuvo que aprender de aquel partido de hace un año. Este México ya jugó contra esta Alemania en Rusia. No deberíamos esperar un partido igual. Puede ser mucho mejor, o incluso mucho peor, pero no va a ser igual a aquel 4-1. 

 

9. Porque si le ganamos a Alemania, y ganamos el grupo, el bracket es bastante menos pesado. Serbia, Suiza o Costa Rica para buscar el quinto partido. Bélgica o Inglaterra para buscar jugar siete. Y si no, no cabe duda que Brasil es uno de los tres favoritos para ganar el Mundial. Y es Brasil. Pero, no es un equipo tan experimentado. Y en torneos oficiales, yo no recuerdo la última vez que Brasil le ganó a México (me parece que en Copa América, todavía con Ronaldo Nazario). Desde entonces, México ha sido un inverosímil lastre para la Verdeamarelha. Lo más reciente que se recuerda, México le arrebató el Oro olímpico en Londres y hace cuatro años, en Fortaleza, Brasil, en su Mundial, no pudo derrotar a México, en aquella tarde gloriosa de Memo Ochoa.

 

10. Porque no se cruza el Atlántico, Europa occidental y las cordilleras para ver a México hacer el ridículo. Y si lo hacen, entonces sí, que empiecen las crucifixiones. Antes de eso, Osorio y su equipo merecen el beneficio de la duda.