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El último adiós: Las estrellas que se retiraron del fútbol

Retirados en 2017

Es febrero el mes del amor, y desde entonces, los románticos del fútbol nos hemos tenido que conformar con ver por última vez a varias de las luminarias que han pisado el verde en lo que llevamos de siglo 21, y desde un poco antes también. Más allá de cifras, de títulos, de protagonizar grandes traspasos, como joven que aún no acumula en sus retinas 4 lustros de más universal, es un privilegio poder decirle a través de estas líneas, un hasta siempre, porque dentro de las canchas sus acciones, pases, gambetas o goles ya han quedado tatuadas. 
Una roca en el césped
Se lesionó como cualquiera que practique este bello deporte, pero era noticia cuando no aparecía en los onces iniciales del club donde logró sus grandes éxitos. Llegó al Chelsea en la campaña 2001-2002 procedente del West Han y vestido de azul alzó los trofeos de Premier que 5 décadas atrás se habían perdido de las vitrinas del club londinense. Frank Lampard es el máximo anotador de este equipo con 211 dianas, convirtiéndole en uno de los centrocampistas con estadísticas perforadoras de atacante más letales de las islas. En la época donde los clubes ingleses reinaban en Europa vivió una final agridulce en la Liga de Campeones en el curso 2007-2008 ante el Manchester United. Su gol no fue suficiente para derrotar a los de Alex Ferguson en la tanda de penales tras un infortunado resbalón de Jhon Terry. Cuatro años después, como capitán, levantaría la primera Champions, y única, de la historia Blue, frente al Bayern y en la propia casa de los alemanes, también desde los 12 pasos, luego de otra igualada a un gol, pero esta vez a Drogba el césped no le jugó una mala pasada. En la temporada siguiente bajaría un escalón en cuanto a competición europea, aunque esto no fue desmotivación para volver a festejar otra corona luego de vencer en la final de la Europa League al Benfica 2-1, con diana definitoria de Ivanovic. Individualmente fue nominado en el 2009 mejor jugador de la década en la Premier, algo que a uno de sus entrenadores, el portugués José Mourinho, ni al eterno Johan Cruyff les sorprendería, pues el primero lo catalogó como el mejor jugador del mundo en el 2005, mismo año en el que el segundo dijo que era el centrocampista total. A todo esto, sólo la magia de Ronaldinho impidió que se llevara el Balón de Oro y el FIFA World Player durante esos mismos 12 meses. Una pegada impresionante desde lejos, una excelente visión dentro del campo, tan sólo le negaron y le dejaron como deuda los momentos con la chamarreta nacional. No olvidaré su trallazo en Sudáfrica 2010 en los octavos de final ante Alemania que no fue increíblemente validado, hablaríamos de otro partido.
El arte con la redonda
Le bastaron 19 minutos frente a Costa Rica en la Copa Universal de 2002 para poder contarle a sus nietos que estuvo en el elenco ganador de dicho certamen. Un año después, Kaká,  saltaría del Sao Paulo al AC Milan, donde mostraría a todo el planeta la plasticidad heredada de generación en generación por cada camada brasileña. Fueron 6 campañas vestido de rossonero en la que llevó 104 balones a las redes rivales y repartió 74 asistencias, números que quedan “lejos” de la calidad que enseñaba cada fin de semana en las canchas italianas, y entresemana en las del viejo continente. Como en toda historia idílica, hubo instantes de fuerte sufrimiento, y en Estambul en el 2005 está la respuesta. Una remontada épica del Liverpool que comandaba otro mito como Steven Gerard, al levantar un 3-0 que pintaba a la séptima de la escuadra milanista, dieron pie a la insistente búsqueda de la revancha, la que no tardaría en llegar. Atenas fue el lugar de la cita para devolver el golpe a los Reds, y el premio tocó en el Olimpo al que en ese año fue el Dios del fútbol, no parando hasta conseguir su Balón de Oro. En medio de uno de los traspasos más caros de la historia, nunca logró pagar en los terrenos ibéricos los 65 millones que desembolsó el Real Madrid para unirlo a Benzema y Cristiano Ronaldo en la segunda era de los galácticos. En el 2013 retornaría a donde fue emblema para despedirse de Europa con una última temporada con el Milan. Me quedó su imagen de incredulidad en el 2006 al ser eliminados por Francia en el evento planetario en tierras teutonas, algo que se repitió en la competición africana, pero ante Holanda y con él intentando, volver a ser lo que nunca regresaría, al menos en el rectángulo de juego. Un estilismo que hoy no abunda mucho en varias de las zonas en las que se le dan patadas a una pelota. 
Un diablito genial
Del Bayern Múnich hasta la médula, a pesar de las dos temporadas cedido en el Stuttgart, pues Willy Sagnol y Bixente Lizarazu le impedían triunfar con la camiseta bávara, amén de su talento. Tenía la capacidad de subir y bajar por ambos carriles, aunque su deseo siempre era hacerlo por la derecha, objetivo que consiguió poco a poco tras su vuelta a Múnich en la campaña 2005-2006. Su rendimiento fue creciendo por una sencilla razón, el destino le había dotado de suficiente talento para gozar de la confianza de los entrenadores. En el 2008 faltó poco para cambiar de aires y vestir de azulgrana, pero una renovación dio giro a las negociaciones y el resto de la historia es más que conocida. No necesitó ser un lateral goleador, pues cambió dianas por seguridad en las dos áreas, garantía de momentos inolvidables al unirse por el carril diestro con el veloz Robben, unión que no paró hasta conseguir su única Liga de Campeones en la final de Wembley hace 4 años en el clásico moderno del fútbol alemán, cara a cara frente al Borussia Dortmund. Este trofeo se le había resistido al pequeño Philipp Lahm en el 2010 y en el 2012. Tras el arribo de Guardiola al banquillo del Bayern su posición en el campo tomó otra dimensión. Pasó a la medular por un simple motivo, Pep dijo en su día que era el jugador más inteligente que había entrenado, y teniendo en cuenta que dirigió a Xavi y a Iniesta, el elogio no era una mera frase. Michael Balack dijo que el único que podía portar el brazalete de capitán tras su retiro en 2010 de la selección alemana era Lahm, y así fue. Brasil 2014 confirmó su mística como jugador, ahora como jefe del vestuario se traspoló a los dirigidos por Löw para conseguir el cuarto cetro ecuménico para el elenco más estable en cuanto a resultados a lo largo de la historia del evento. Me quedé con ganas de continuar viéndole en el verde, porque en sus botines no había fecha de caducidad todavía. 
Un maestro entre líneas 
Del subcampeonato con la Real Sociedad en la 2002-2003 al Liverpool más español de todos los tiempos. Nunca consiguió título liguero a las órdenes de Rafa Benítez, pero la noche turca de 2005 no se le va a olvidar jamás. Hace 12 años lograría una de sus dos Ligas de Campeones y su solidez a la hora de tener las manijas de los Reds, hiriendo a sus rivales con esos pases milimétricos brincando cualquier muro o estrategia de los contrarios, le harían merecedor del sobrenombre, El Mariscal. Se unió al proyecto de Florentino luego de su vuelta a la presidencia blanca, y sin traer la etiqueta de mega-crack, la medular merengue acuñó su dorsal durante 5 cursos en los que sumó par de Copas del Rey, una liga; la de los 100 puntos con Mou al mando, amén de la resistible décima hasta la aparición de Ancelotti. Guardiola sufrió en carne propia el fútbol de Xabi Alonso en los encarnizados choques entre madridistas y culés, por lo que le llamó para su estancia alemana, ganando 3 ligas antes de decir adiós y dejando a los aficionados del Bayern sólo con el amargo sabor de no triunfar en Europa luego del triplete de la 2012-2013. Con la Roja, todo. Ha vivido la época gloriosa de la selección española y nunca me hará olvidar sus dos dianas ante Francia en los cuartos de la Eurocopa de 2012 y su incesante labor para desaparecer a Pirlo de la gran final ante Italia. 
El titiritero del balón
Pocos en lo que llevamos de siglo han podido manejar los hilos de los partidos al antojo de Andrea Pirlo. Campeón de la Serie B con el Brescia, pasó a las filas del Inter de Milan, club que no apreció su talento y cometió, quizás, el error de su vida, dejarle ir a su enemigo de ciudad. Trofeos por doquier, de mediocampista ofensivo a mejor mediocentro según especialistas, afición y jugadores. Con la espalda cubierta por Gennaro Gattusso, hizo de la esférica un amigo inseparable que supo repartir de forma fantástica para que la gloria se la llevaran otros. Los goles los ponía Andriy Shevchenko, el arte Kaká, él las manijas de un elenco que se movía a su compás. Llegó a declarar que tras el fracaso de Estambul no tenía nada que hacer en las canchas. Por suerte rectificaría y la vida le premiaría con la Champions de 2007, haciendo lo que como él pocos, asistiendo y asistiendo. Un pase suyo a Inzaghi valdría para uno de los dos goles del ariete italiano que definirían la discusión del título. El Milan pareció no aprender del fiasco de sus enconados vecinos y dejó ir a su reloj en el campo hacia el gran rival del Calcio, la Juventus. En el 2011 comenzó a vestir la chamarreta bianconera y el club de Turín se benefició sin piedad, arrasando en casa y aunque sin coronarse en Europa, se mostró como el único equipo capaz de entorpecer los planes de los clubes españoles de 2014 a la fecha. Su abrazo entre lágrimas con Xavi Hernández tras la final de Berlín en 2015 ha sido una de las imágenes que guardo con más nostalgia desde que comencé a amar el fútbol. Con la azzurra llegó a lo más alto en el 2006, haciendo olvidar los líos de corrupción que se fraguaban en su país. Fue el mejor jugador de las semifinales y de la final, según la FIFA, aspecto que suena corriente, porque hablamos de Pirlo, un genio desde donde la cancha se divide en dos. 
Una fidelidad  de corazón
Se puede decir que en Roma, el pasado mayo, más que un divorcio, se celebraron unas bodas de plata, el fin de una era en el césped, pero la confirmación de una unión eterna. Francesco Totti es de esas especies en extinción, de esos bichos raros si del más universal hablamos, un gladiador con romance por el fútbol en sus venas. Rindió cuentas a una misma institución, viendo pasar a casi una veintena de entrenadores, que seguramente terminaron aprendiendo más de él que a la inversa. Il Capitano con el 10 a la espalda desde 1998, debutó oficialmente en marzo de 1993 con 16 años en el club giallorosso. En 784 partidos; -una barbaridad-, marcó 307 goles, 250 de ellos en la Liga Italiana. Cifras que con el paso del tiempo muchos nos seguiremos preguntando por qué sólo acumula un título de Serie A, no tiene ninguna celebración a nivel europeo, y menos creíble, se fue sin Balón de Oro. De todos modos quien puede negarle pleitesía cada vez que sople su nombre. Lo quiso el Real Madrid en el 2004 y en 1989 el AC Milan, pero lo convenció su corazón y se quedó en la ciudad eterna. Las leyendas siempre tienen historias para contar, y la de 2006 en Alemania será de sus preferidas. Australia no querrá saber de su existencia pues él se lo inventó todo para dejarlos en el camino, a la par que labraba la senda de la coronación definitiva. Para los que apenas pudimos disfrutar de su magistral carrera, nos queda el aplauso sempiterno en uno de los Coliseos que se rindió al gladiador romano, noche de Champions, lugar, Santiago Bernabéu. Una figura omnipresente en cada tramo de la cancha, un guerrero implacable difícil de olvidar. 
Una creación de Play Station
Lo anunció en septiembre de 2016, pero lo hizo oficial en febrero de este año. Porto Alegre y París le quedaron tan chicas como su imaginación. Barcelona, Europa y el mundo fueron testigos inequívocos de que lo virtual se puede hacer realidad. Le devolvió la alegría a una afición y a una ciudad que se engancharon a su elástica, a su espaldinha, a la sonrisa, que era tan expresiva como la fantasía que ponía en cada terreno que pisaba. Fueron 94 goles desde 2003 hasta 2008 como azulgrana, más el show que montaba en cada partido, dentro y fuera de España. Se unió al motorcito, al duende, a Deco y Puyol para formar la base de los éxitos que aún hoy disfrutan en la zona Condal. Balón de Oro y FIFA World Player en 2005, dejó muy pronto la cima del fútbol, algo que muchos no le perdonaremos. En ese mismo año arrancó la ovación más compleja para un culé, la del feudo blanco, y es que tras lo hecho en el Bernabéu, lo menos que se podía hacer era ponerse de pie. Dos goles suyos para un 3-0 global, es un recuerdo imposible de no mentar cuando se hable de Ronaldinho. Jugó con la redonda y con todo el Madrid. A los fanáticos blaugranas tampoco se les despista que dio el pase para el primer gol de la joya naciente, Leo Messi, futbolista al que el brasileño entregó las llaves del mando culé. Guardiola no contaba con él y partió entonces a la capital de la moda. En el AC Milan recuperó algo de lo que otrora hizo rendirse a todo el planeta fútbol, pero ya nada fue como antes. Después, a simplemente cumplir deseos. Con la canarinha lo ganó todo. A lo máximo que puede aspirar un jugador de este deporte, el mundial, en Corea y Japón cumplió sus sueños. Una recordada diana suya ante Inglaterra de libre directo me hizo creer que no hay nada imposible. Si hubiera cambiado las fiestas por la disciplina, quizás hace una década no estaríamos hablando de una dualidad Messi-Cristiano.
Se van mitos, leyendas, figuras que marcaron pautas con el balón en sus pies. Disfrutar de sus recuerdos siempre será un buen plan, aunque quien sabe cuántos de ellos se volverán a parar en el verde, pero entonces desde la banda, para ordenar, planificar, y claro, también sufrir o festejar. El próximo será Xavi, pero mientras no haya anuncio, seguiremos creyendo que estos cracks son eternos. 


@cronicaryan                 
            
            

 

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