- Foto Cortesía de: Mirror

Gracias, Arsene

Se va el francés dejando una huella imborrable en la historia gunner

En septiembre del 96’ apareció y solito revolucionó al norte de Londres. Llegó siendo un desconocido y se fue como una leyenda. Se convirtió en el entrenador más importante en la historia del Arsenal y en uno de los más influyentes en la historia del fútbol inglés, al nivel de genios como Alex Ferguson, Bobby Robson y Bob Paisley.

Como hincha gunner, es justo y necesario reconocerle a Arsene la influencia que tuvo en el Arsenal, es decir su llegada partió en dos la historia del club. No solo consiguió títulos y logros colectivos, también trajo consigo una idea y estilo definido, una política de fichajes única y una evolución enorme a nivel administrativo. Todo ello bajo la premisa “Hacer de este, un club hegemónico en Inglaterra”.

Ahora bien, no todo fue color rosa. El idilio entre Wenger y el conjunto londinense pasó momentos durísimos, especialmente en el último tiempo. El club cayó en un bache, la directiva cedió ante la mediocridad y puso como objetivo clasificar a Champions. No se le exigió más al técnico francés por cerca de diez años. A partir de la temporada 16/17 la situación empeoró, la excusa Champions había terminado luego de 20 años sin falla. Relegados en la quinta posición, la hinchada gunner puso el grito en el cielo y empezaron los famosos carteles “Wenger Out”. La relación estaba completamente rota. Ya las copitas de liga y los jugadores promesas no calmaban al público, se necesitaba figurar a nivel nacional e internacional. Pelea que siguió hasta que Arsene entendió que su ciclo estaba más que cumplido. La terquedad cedió ante el sentido común.

En esta líneas quiero expresarle a Wenger mi total y completo agradecimiento por el legado que deja en el Arsenal. Primero por haber ideado y a la postre concretado al Emirates. Ahorrando en fichajes para construir un templo del fútbol mundial, el tercer estadio más importante de Inglaterra. A nivel de logros, gracias por haber formado al equipo inglés más importante del último tiempo. Aquel 2004 en el que nacieron The Invincibles, único equipo que ganó de manera invicta el nuevo formato Premier. Una banda liderada por Henry y Bergkamp. Bendito Arsene por haberse fijado en ese chico francés de 21 años que la rompía en el Mónaco. Por último, y quizá más importante, gracias eternas por el Wenger Ball. Un estilo al nivel del tiki taka de Pep en el que primó el ataque a partir de combinaciones precisas con velocidad y fluidez en los movimientos. La idea que nos enamoró a más de uno y que quedó plasmada en goles extraordinarios como el de Wilshere al Norwich o el de Rosicky al Sunderland. Fútbol en estado puro.

Lastimosamente me toca decir que el fútbol moderno dejó en el camino a un Wenger que se resistió al cambio. La terquedad le impidió el retiro en el momento idóneo y terminó pagando las consecuencias de un fútbol que vive del día a día. A pesar de ello, nunca se borrará la imagen de un entrenador sinónimo de revolución y buen juego.

Arsenal = Wenger

 

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