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Messi y Suarez: Sinónimo de historia y exquisitez.

El argentino y el uruguayo rompen la maldición de anoeta

La mejor manera de superar un miedo es atacándolo, enfrentándolo, mirándolo a los ojos incluso retándolo. Por eso, sí le tienes miedo al mar, pues salta en un mar profundo, si le tienes miedo a las alturas, lánzate en un paracaídas, si le tienes miedo a los lugares cerrados, sube 18 pisos en un elevador. La experiencia puede llegar a ser liberadora.
El domingo pasado el Barcelona visitó a la Real Sociedad en Anoeta, para concluir la primera vuelta de la liga. Un Barca invicto, en su mejor momento de forma, con sensaciones y dinámica positivas, aterrizaba en San Sebastián con la idea de romper siete partidos y una década de naufragios en campo Txuri-urdin, el único virgen de derrotas en la liga desde  que comenzara la era Guardiola. Con el viejo trauma de Anoeta saltaron al terreno los jugadores cules y la Real les dio un correctivo en la primera mitad. Los vascos movieron el balón por todo lo ancho, por fuera y entre líneas, atenazaron a Messi, le robaron la espalda a Alba, y para rematar le hicieron dos goles que ponían tierra de por medio. Así, el Barca se encontró en un mar profundo y sin saber nadar, en un terreno donde nunca había podido exorcizar sus demonios, la disyuntiva era ahogarse, o nadar. Y el blaugrana eligió nadar, primero con un manotazo desesperado de Paulinho, luego aprendió a bracear bajo la conducción de Messi y la finalización de Suarez, por partida doble, una de ellas versallescas, y después se dio el gusto de nadar en aguas turbias con el gol de Messi.
El Barca utilizó la terapia de choque para romper sus miedos y liberarse de una maldición que empezaba a ser novelesca. Lo hizo porque fue valiente, porque no se rindió y porque cuenta además con futbolistas implacables como Messi y Suárez, que son capaces de encarar sus miedos en los peores entornos.
Así como Suárez tuvo que enfrentarse a su carácter voluble después de su tercera mordida, que casi le cuesta su fichaje por el Barca, Messi tuvo que enfrentarse a una enfermedad que amenazaba con finiquitar su carrera ante que empezara, además de luchar en su adolescencia contra la soledad de vivir en un país ajeno. Ambos, en esta temporada, han sobrevivido a la marcha de una de las partes de su tridente, Neymar.
Al nacido en Salto, Uruguay, le costó el inicio de temporada. Una lesión en su rodilla, sumado al reacomodo que le dio Valverde al equipo por la salida de su compinche paulista, hicieron que al pistolero se le viera desnortado, alejado de su zona de confort: el área. Le costó anotar, estuvo 478 minutos en blanco hasta que encontró puerta. Fue en Butarque, contra el Leganés y no ha parado de desenfundar su escopeta desde entonces, ya lleva trece. El “uruguacho” vive cada duelo percutiendo sobre las defensas rivales, desquiciándolas con el roce físico, capaz de fallar un pase de cinco metros en una acción y en la siguiente anotar una volea inverosímil. Asociativo, sabe fijar a los centrales y estirar defensas para generar espacios, el charrúa lo mismo falla un control sencillo, que te hace un desmarque a la espalda de los centrales y recibe un pase de cuarenta metros con un control orientado, listo para finalizar. Generoso y con mucha voluntad se ha ganado ser parte de la historia del club cule.
El argentino  sintió la marcha del brasileño más en lo emocional que en lo futbolístico. Adaptado a cualquier reto futbolero, lo mismo como extremo en sus inicios, que de falso nueve con Guardiola. Allí en la nada de esa posición que le encontró el de Sampedor, Messi creó universos futbolísticos inéditos para los amantes de este deporte. El genio esta temporada ha aumentado su protagonismo, tomando el control de cada zona del campo, lo mismo gestiona, organiza, que asiste y finaliza. El diez se hace socio de todos, aunque sobre todo de Alba con quien ha creado una alta sociedad. Messi domina el espacio y el tiempo, es peligroso en todos lados y lo es porque sabe dónde está cada compañero, atrae rivales y sabe cuándo descargar para progresar, pero lo es todavía más cuándo toma el balón y enfila hacia el arco y se olvida de todo, es solo él, el balón y la portería, en ese momento suceden cosas increíbles. Desde que debutara el genio, el Barca ha tenido la etapa más gloriosa de su historia, y se ha hablado del ciclo Guardiola, luego de las eras Vilanova, Martino, Luis Enriques, y ahora Valverde, y la verdad solo ha existido la era Messi.
La maldición de Anoeta para el Barca es historia porque entre la percusión de Suárez y la exquisitez de Messi, no existen ni conjuros, ni vudú, ni hechicería y mucho menos miedo, solo historia.  

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