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Morata aún busca su destino

El 9 español es protagonista en el mercado

El que ahora viste con el 9 a la espalda, de azul e intenta hacerse de un sitio en Londres, es uno de los protagonistas en el actual mercado de fichajes invernal. Álvaro Morata es un punta móvil, capaz de jugar en banda; sin llegar a desbordar como un extremo natural, pero sí de crear peligro en ese sector del campo, sobre todo si de abrir espacios se trata. Claro, su mayor virtud, como mandan los cánones del 9, es llevar el balón al fondo de las redes rivales.

  

Soñaba, o quizás todavía sueña, con triunfar en la casa blanca, esa a la que Florentino Pérez ha adornado con 4 de las últimas Champions League, él, inscrito en dos, pero su real protagonismo en esta competición fue de bianconero hace cuatro años, eliminando al Real Madrid y luego cayendo en la final ante el Barcelona. En ambos duelos, marcó, con el perdón en uno y la euforia momentánea en otro. Con esto, sus 15 goles en 63 partidos de Serie A con la Juventus y el dato de haber sido el segundo mejor goleador con el Real Madrid en el curso 2016-2017 con 20 goles en 33 encuentros en todas las competiciones, sólo por detrás del de siempre, Cristiano Ronaldo, hizo las maletas para salir del nido otra vez.

 

Así se fue en la 2017-2018 a Inglaterra, bajo el mando de Antonio Conte, quien lo anheló en la Juve, pero la ficción fue mejor que la realidad en el Chelsea. Si bien se puede decir que la pasada campaña no se debe considerar de mala, los números que dejó el madrileño no están a la altura del talento que sé que tiene. Arrancó como un tiro, pero la alegría duró tan poco, como dura la felicidad en casa del pobre, dicen por ahí. Dejó cifras que supieron a poco, principalmente por el dinero invertido, 11 diana en 31 partidos de Premier League así lo demuestran. En la Champions pisó el verde en 7 ocasiones, pudiendo marcar solamente un gol, ante el conjunto que le acogió parte del tiempo que vivió como canterano, en el Wanda y para darle una victoria clave a su Chelsea.

 

Mauricio Sarri llegó a decir que quería ver llorar más a menudo al joven delantero español de 26 años, siempre y cuando esto significase que fuese sinónimo de estar anotando goles. Esto ocurrió el 5 de octubre de 2018 tras anotar uno de los tantos que le dio la victoria a los Blues frente al Vidi FC húngaro, en partido de la Europa League. Llevaba entonces dos meses sin ver puerta, realidad que ha variado poco, ya que anda únicamente por 5 perforaciones en 16 encuentros de Premier y 2 en 4 choques de la fase de grupos de la segunda competición a nivel europeo. Dichas cifras evidencian una desconexión del delantero ibérico, como si alejarse de su tierra confirmase la teoría de muchos, entre los que me incluyo, que haber salido del Madrid no era la mejor opción para su carrera.

 

Es entendible que a su edad se busque protagonismo, ser referente de un proyecto, en una liga importante y no era la primera vez que se buscaba la vida fuera de casa. Con algo más de madurez no sonaba tan descabellada la idea, pero ser cola de león y no cabeza de ratón, resulta a veces más relevante y retador. Hoy pudiese estar liderando a un equipo merengue falto de pólvora, con sus delanteros llenos de cuestionamientos más que de balones en las redes contrarias y con el aval de ser español, que nunca es un dato menor para la entidad madridista.

 

Se ha hablado del Pizjuán, de vestirle de rojiblanco, otros le colocan de azulgrana, incluso, hasta el Tottenham busca 9 tras la lesión de Harry Kane, pero sin saberse a ciencia cierta su lugar de arribo, fríamente, veo a Morata encajando con los pases de Messi y acompañando las carreras de Dembélé. Estilo similar a lo que ha visto en la Selección de España, con jugadores capacitados para nutrirle de balones y dejarle de cara al arco, la mayor disyuntiva, más allá del tema económico, es su deseo de pisar el verde con frecuencia, de titular si es posible. Suárez tiene cerrada esa puerta para él y para todos los delanteros centros que desembarquen en Barcelona, pero hay otros intereses en común para ambas partes, volver a su tierra de un lado, buscar un atacante de garantías por el otro. El tiempo dictará sentencia.

@cronicarian