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¿Otra vez cansado el Barça en el tramo final?

Ha bajado el ritmo de los catalanes

Domingo 28 de enero. Noche en Catalunya. El Alavés ponía en aprietos nuevamente en el Camp Nou al todopoderoso Barcelona, ese que aún, sigue invicto en LaLiga, a pesar de los pesares. Guidetti al minuto 23 silenció el santuario futbolístico de la Ciudad Condal. Con los azulgranas arriba, espacio de sobra para correr, y esa vez, ni Ter Stegen sería salvador. Claro, Valverde tiene un arma que hace más de una década dejó de ser secreta, 10 a la espalda. Tras respirar con el empate de Luis Suárez, un libre directo, un remate de zurda, una comba perfecta, y a celebrar. Tres puntos para los líderes, pero varias interrogantes que en lo sucesivo siguen sin respuesta.
Ya hacía un mes que estábamos disfrutando las mieles del 2018, no era el Barça que cerró el último tercio de 2017. Ese mismo equipo que se recuperó y levantó la cabeza luego del fracaso en la Supercopa, además de quitarse el pesado lastre que significaba la pérdida de Neymar. Esos que asaltaron el Bernabéu, llegando a ver a su archirrival a 19 puntos de distancia. Pero: “Cuando veas las barbas de tu odiado contrario arder, pon las tuyas a descansar, al menos a rotar”. El Espanyol, único elenco que ha sacado por la puerta estrecha a los culés después de agosto, no pudo darle continuidad a la heroicidad de Melendo, pero en menos de un pestañazo y fuera de la órbita copera, volvió a tener un escenario similar cuando Gerard Moreno en la jornada 22, al minuto 66 y en una piscina con fondo verde ratificaba las flaquezas de esa banda izquierda, sobre todo si lleva el apellido Digne. Lo que pasa es que si al final todo termina como cuento de hadas, recapitulando, se hablará de héroes que labraron el camino. Uno de ellos, Piqué. El enemigo público de los vecinos, cabeceó para festejar como él quería, dejando a un lado una vez más las conclusiones de cara a varias problemáticas en el juego blaugrana.
Se superó al Valencia, se estrenó Coutinho en forma de gol, se alcanzó otra final del trofeo de su majestad, pero algo continuaba y continúa ocurriendo con aquellos que no hace mucho llamaban maquinaria. Nuevamente las sombras de las últimas temporadas después del segundo triplete, tramo decisivo y surgen los atascamientos, se escapan las ideas, se acortan las soluciones. Getafe incomodó hasta al menos consciente de que las cosas no marchaban como hasta entonces, pero el libreto de Ernesto, no obstante, no se altera. Plantilla reducida, descartes por rendimiento, incluso, por “capricho”, muestra un panorama donde ahora mismo, las ecuaciones que resolvían, dan un resultado inverso. Paulinho lleva un año casi sin parar, China, Brasil y Barcelona, un viaje demasiado largo de 73 partidos que parece haber agotado el impulso del arribo, pidiendo a grito un stop, porque eso sí, con descanso pudiera volver su mejor versión vestido de azulgrana. 
Más preocupante que lo del sudamericano es el caso Dembélé. El txingurri lo considera un experimento de 105 millones fijos, obviando que más allá puede ser la variable que haga poner a la X otra vez en su lugar. Lesiones aparte, lo psicológico y la poca confianza de su entrenador, son los dos muros que no dejan correr al francés a la misma velocidad, cambiar el ritmo y asistir a sus compañeros como acostumbró a enseñar en el Borussia Dortmund. Si alguien no puede estar cansado, es él. Fuera de los automatismos del estilo Valverde, la realidad empuja inexorablemente al DT culé a modificar su filosofía en busca de darle esa variante que le urge al ataque catalán. Leo levanta hoy la cabeza y ya no ve con la misma claridad a Jordi Alba, cortándose el principio de una cadena que no alcanza a Iniesta y que tiene a Suárez bastante desconectado, pues en la banda está muy lejos de su habitad natural. Destellos de calidad individual han salvado al Barça, ante el Eibar y Chelsea se hace firme la sentencia. 
Frente a los vascos nunca se sintieron cómodos, tampoco fueron más, sufrían en silencio pensando posiblemente en Londres. La “pulga” acumula 5 jornadas ligueras sin marcar y, esto su equipo se lo reciente. Quizás el problema se acentúa en el ostracismo de Denis, en las prestaciones a conveniencia de Vidal o, en la evidente transición con mucha tendencia a ser lenta del vértigo inglés que trae Coutinho a la pausa ibérica que tiene que comenzar a calar en su ADN. No menos relevante deja de ser la insistencia de Valverde a querer demostrar que el brasileño puede jugar junto a Andrés. Nada más lejos de la realidad y, sobre todo, de la misión con la que se le trajo desde Liverpool en invierno, hacer que Iniesta gastara su magia en las citas importantes, dígase principalmente, Champions. Ernesto ha respetado en demasía las jerarquías, dejando en el banquillo más de 300 millones, supuestamente invertidos para darle un salto de calidad a la plantilla. Rotar, no es pecado, menos cuando existen ventajas. 
La tranquilidad del final de la maldición de Messi ante el conjunto Blue no puede mantener una venda en los ojos. El Barcelona persiste en aguantar los primeros tiempos, pero no siempre se puede liquidar en los segundos. Los números reflejan seguridad defensiva, algo que Willian puso en evidencia, detalles para nada menores, aunque cierto, no es una dificultad a la que Ernesto no haya encontrado adecuadas correcciones. La mirada está más a delante, un ataque plano, horizontal, sin ese jugador que encare, que se atreva, que realmente tenga para hacerlo, más allá de Leo. Ousmane no suena por el momento como opción, por lo que los rivales se seguirán encerrando, tapando espacios, que los culés no descifran. Las piernas no son las únicas que suelen agotarse, peor, la mente, tan necesaria para las correctas tomas de decisiones, en Can Barça, están bloqueadas. Suenan las alarmas, pero tampoco es el fin del mundo. Sobran elementos tácticos y futbolísticos para volver al rumbo de esos que sueñan con un tercer triplete. En mayo, las conclusiones definitivas.  

@cronicaryan