- Foto Cortesía de: mundodeportivo.com

Valverde sabe controlar al “mosquito”

Ernesto evita polémicas

Mientras el joven francés sea capaz de conducir, gambetear,, despegarse de sus rivales con una velocidad endemoniada, entrar al área después de correr 50 metros y definir como ante el Tottenham, sus continuos retrasos a los entrenamientos quedarán en aparente anécdota, al menos para aficionados y aquellos que apuestan por él como heredero de lo que debió continuar Neymar.

 

Ousmane es noticia dentro y fuera del rectángulo verde. Ernesto ya le dejó fuera de la convocatoria para el duelo ante el Betis, lo que le abrió la puerta al brasileño Malcom, quien cinco días atrás había entrado al terreno por el galo en duelo frente al Inter, anotando una importantísima diana, su primera de forma oficial con los colores del FC Barcelona. El txingurri quería mostrar que era, es y será dueño de la situación y su decisión de dejar en la grada al 11 culé mandaba un mensaje inequívoco de que imprescindible, Messi, el resto camina por el túnel del qué pasará. Claro, salvo algunos que todos conocen, por juego, longevidad y notable compromiso.

 

Dembélé había iniciado el curso dispuesto a dar vuelta a una página que seguramente no fue la deseada cuando decidió cambiar Dortmund por la Ciudad Condal. Goles con valor de título y de tres puntos ligueros eran el motivo suficiente para creer que había llegado el momento de devolver con fútbol la fuerte inversión realizada por él. Su regularidad fue transformándose en neblina inglesa, convirtiéndole en uno más dentro de las cuatro líneas blancas, resaltando sus errores en el instante de saber que hacer balón al pie.

 

Sevilla marcó el punto más bajo del francés, justo cuando el paso al frente era más obligatorio que necesario, pues Leo se lastimaba el codo, turno entonces para los encargados de marcar diferencias en ausencia del 10, Ousmane entre ellos. Rafinha le ganó la partida, otra señal clara de Valverde para que el “mosquito” tomase nota, ver si provocaba un acto de madurez del joven Ousmane. El efecto tardó semanas, incluso con una fecha FIFA de por medio. Y cuando la situación parecía agravarse más, eso que muchos denominan como amor al momento de producirse, lo cambió todo.

 

Al Barcelona le urgía al menos un punto del Wanda, algo que Leo comprendió al ser el único que vio a Dembélé prácticamente solo y con opciones de remate. Ernesto le había colocado por la derecha y por ese sector entró al área, recibió de Messi, se desmarcó, y a celebrar. Desde entonces tiene instalado un show muy particular en cada salida al césped de turno, como si de un jugador de Play se tratase, aprovechando los espacios del contrario, cambio de ritmo endiablado, además de sumarle lo más importante, una excelente definición, su punto más vulnerable al girar la cabeza y ver la cifra que se pagó por él en el verano de 2017.

 

A fuerza de fútbol ha puesto en las manos de Valverde un movimiento de piezas en busca de dar verticalidad a la parsimonia liguera en la que andan los culés a la hora de pisar el campo. Coutinho a la banca y, el galo, a dinamitar las zagas rivales. incluso, obviando sus reiteradas tardanzas, aspecto que Ernesto sentenció con una titularidad europea, lo que deja claro que el DT azulgrana tiene su propia receta, cuestionable para unos, atrevida para otros, de manos blandas para esos que confunden responsabilidad con imposición. No es pasar por alto la conducta, ni premiar lo mal hecho, es la búsqueda de un balance práctico, que sobre todo reporte al colectivo. Sería de locos creer que Valverde desea que el vestuario le vire la espalda por un supuesto apaño. Lo cierto es que la implicación también se fomenta, se indica. De no arreglarse, de nada valdrá fantasear en la cancha, pues la paciencia no es el cielo, tiene límites. La cuerda entre cracks y mortales, lleva como apellido disciplina y Ernesto lo tiene claro con Dembélé. El tiempo dictará sentencia.  

@cronicarian